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CARTA A LOS EXTRATERRESTRES

carta-a-los-ets-abmQueridos Seres Extraterrestres:

Antes de escribiros he tenido un horrible sueño, pero afortunadamente sólo fue eso; aunque era para echarse a temblar… Os lo contaré. Pero antes dejadme que os advierta de que:

NO SOMOS UNA RAZA AMIGA

Si ya habéis llegado al planeta Tierra, esta carta no tiene sentido porque ya nos conocéis. Pero si la recibís antes de iniciar el viaje o a mitad de camino, no lo dudéis ni un segundo cuántico: volver sobre vuestros pasos, porque lo que veréis aquí es la decadencia de mi civilización, la homínida, emborrachada de ego y enferma mentalmente en sus creencias y más bajas pasiones.

La distancia a la que nos encontramos de una fuente de fotones que llamamos sol, al entrar en contacto con el elemento químico H2O que llamamos agua, y rodeados de oxígeno, hace maravillas tales como la vida, al contacto con el carbono. Os digo esto porque, aunque no hemos contactado todavía con ninguno de vosotros, viendo la diversidad de vida en la tierra, sabemos que lo mismo sucede en el espacio exterior.

Aquí vuelvo a recordar mi sueño, que tiene que ver con las creencias que han florecido en mi planeta, adheridas como un moho invisible a las conciencias de mis semejantes, demostrando una inmadurez como especie, si queremos contactar con todos vosotros y dar el gran salto de salir al espacio exterior.

No tratéis de dialogar con nosotros si os parecéis a un pollo o a un toro, vuestro futuro aquí será el más miserable que hallaréis en este cuadrante de la galaxia, porque acabaréis comidos por nosotros, cuando no torturados en alguna de nuestras atracciones, donde siempre perderéis la vida para acabar, de un modo u otro, en nuestro plato.

Aquí prohibimos las peleas de gallos, pero no las de los simios humanos, los de mi raza, con la bovina. Si sois como pollos, no os dejaremos pelear, salvo en apuestas clandestinas que nos presten pingües beneficios, si vacas o bueyes, bienvenidos seréis a la mesa, y si cocodrilos, mejor no pensarlo.

Pero a la hora de salir al espacio exterior, no quiero ni pensar vuestra expresión facial si os llevamos, según el lugar de procedencia de mi mundo, alguno de los libros santos que aquí se veneran, hasta la muerte, con enfermiza pasión.

No es serio llevar una Biblia, o la Torah o el Corán ahí arriba, porque sería cargar con los castigos que nos imponen desde el pasado, por el simple hecho de alcanzarnos a la Vida, siempre acompañada de nuestras bajas pasiones, portadoras de nuestros traumas más infantiles como especie.

Otra cosa sería que no hubiera guerras de religión en mi mundo, que todavía las hay, para obsequiaros con estos libros, pero es una barrera aún por superar.

Os diré, extraterrestres queridos, porque no estamos aún preparados, mentalmente como especie, para salir al espacio exterior: De niños nos hacen creen en unos Reyes Magos que van dejando regalos en todas las casas de los humanos, en una sola noche y de una sola vez. Pero cuando te dicen, ya más crecidito, que eso es mentira y que se hace así porque es muy romántico y da más sentido a la vida (como si el hecho de vivir no fuera suficientemente válido), resulta que mi especie sigue creyendo en cuentos sagrados aún de mayores, obligados por una economía de mercado en mi mundo, que ahoga los intentos por escapar de la Fe, con lo que nunca dejamos de creer y de crecer como niños, y aún de decrecer como especie adulta, por culpa de esa economía, surgida y sumergida, que levita en lo sagrado, y que de un modo u otro nos impide ofrecernos a nosotros mismos, la posibilidad real que nos proporcionaría la ventaja añorada sobre nuestras creencias, tan necesitada para acariciar las estrellas.

Por eso no me gustó mi sueño…

porque no daba crédito a lo que mi mente había estado maquinando esa noche,

antes de escribir mi carta…

¡Qué bien elegisteis el lugar para daros a conocer al mundo!

La isla de Pascua…

alejada de cualquier viaje fugaz para adorar a los nuevos dioses, para algunos, cómo no, llegados desde las estrellas.

De la nave nodriza ME-VLA-NA comenzó a salir una primera nave portadora que mostraba un símbolo en su panza,

y una segunda y una tercera,

que a punto estuvieron de despertarme,

nervioso del sueño

convertido ya en pesadilla.

El de la primera nave era una media luna, el de la segunda una estrella de David, y una cruz el de la tercera.

Segundos antes de despertar ya sobresaltado, pude ver entre ensoñaciones otras dos naves, flanqueando por detrás a la nave nodriza, y custodiándola, ostentando en la panza los símbolos del Om y la Paz en ellas.

Menos mal…

Pero aquí me pregunto:

¿por qué demontres sueño cosas así?

Ángel Briongos Martínez

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